jueves, 26 de julio de 2012

Cuando la conocí ella era una persona fuerte y despreocupada. Era tan egoista... y la autoestima y la seguridad se le escapaban por los poros. Y sin embargo, por aquél entonces ya había empezado a llorar.
Ahora la veo llorando cada poco por los rincones, rogando por una pizca de cariño. No es ni la sombra de lo que un dia fue.
La recuerdo risueña; reía a carcajadas alzando mucho la voz, nada le preocupaba nunca porque sabia que los problemas, si tenían solución no había de qué preocuparse, y si no la había, el hacerlo (logicamente) no los iba a solucionar. Pasaba de todo lo desagradable, de toda la gente que la irritaba, y hacia siempre lo que quería o lo que más placer le aportase. La mayor hedonista que pude conocer.
Lástima es lo que se siente ahora al mirarla, al recordar y saber que ahora todo le preocupa; los problemas sin solución ni culpable han resquebrajado su altivez, la gente que ni la ha apreciado sino más bien despreciado ha quebrado su impasibidad, y el amor no correspondido ha minado su auoestima. El sacrificio no deja lugar a la seguridad ni al hedonismo.
Ahora es un alma enferma, recuerdo de su pasado, que sigue riendo cuando está en un césped y llorando cuando está en su cama. Quiere volver a volar, pero no le han vuelto a crecer las plumas arrancadas.El miedo la atenaza, la decepción hace que se asuste más todavía. Apenas le quedan fuerzas para intentar retroceder.
Y algo en ella, no quiere ni levantarse.