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martes, 21 de septiembre de 2010

Buenos días. [EDIT]

Sinceramente, a mi, dormir abrazados no me apasiona demasiado...


...me apasiona que quieras abrazarme al dormir.

viernes, 20 de agosto de 2010

Pasión

Es curiosa esta sensación. Casi odio a una persona que no conozco por hacer sufrir a otra que, de hecho, tampoco conozco, y a pesar de que más que sufrimiento le ha dado probablemente la mayor de sus felicidades.
Es curiosa la sensación de celos y envidia hacia aquella persona que, de hecho, amo profundamente y a quien sólo deseo ser más feliz de lo que esta vida hace posible, envidia y celos (¡ni siquiera!) justificados en la existencia de una felicidad que querría compartir.
Es curiosa la sensación de éxtasis leyendo palabras de otro, que ni hablan de mi ni fueron escritas para mí, sino probablemente para si. Palabras que acuden en pos de un exito que apenas florecía al mundo fue cortado de raíz por la mano fría de la muerte.
Es curioso el escalofrío que me recorre leyendo palabras de otro otro, que sí hablan de mí y fueron escritas para mí más que para si. Palabras que a su modo también evocan exito, más de uno que no termina de florecer y teme ser cortado, por otras manos frías y bellas.
Me gusta escribir en segunda persona. Me gusta orque en realidad te hablo a tí, pero no sólo a tí sino a otros que también me leen, o no. Pero si miras, si me miras, si te enfrentas un poco a mí, a la relidad y me miras, te darás cuenta si hablan de tí.
Ya una vez hablé de tí. De muchos tís. Y me acuerdo que a la segunda ya me calaste, Tú todavía no existías por aquel entonces, que empezaba hablando de los ojos marrones de alguien que ya no es nada en mi vida.
Definitivamente es pasión lo que me persigue aflije y mueve.
La fuerza de la vida, más potente y más arrebatadora que ninguna otra fuerza del universo, una fuerza que se hace sentimientos, dolor y placer. La misma que mueve esa sangre roja de mis venas, que da color a mis labios y mis mejillas que nunca se ruborizan. Una fuerza en pulsiones que se comparte con el mundo buscando un medio por el que salir y expresarse.
Pasión, sólo pasión, es lo único que me mueve, lo que me hace sentir y vivir, lo que me hace actuar friámente por contenerla. No existiría el mundo ni la fe, no podría seguir caminando ni sobre mis pies ni gracias a otros si no supiese que voy a seguir sientiendo...
¡...Sentir! Sentir intensamente es todo lo que pide la vida, todo lo que la vida da. Sólo eso te hace levantarte, amar, odiar, enhelar y vagar. La frustración, el dolor, la rabia y la impotencia, la salsa del lado oscura de la vida.
Porque no me importa sufrir si lo hago intensamente.
Porque sé que vivo intensamente.
Porque estoy viva.

lunes, 21 de junio de 2010

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" Show me...

Show me- John Legend


Cuando unos rayos de luz inundaron aquel espacio hueco que separaba a la habitación del mundo real, sólo pude entreabrir los ojos. Una mesilla de madera empezaba a perfilarse y allí, en lo alto, un rojo intenso hizo que recordara donde me encontraba. A un metro de distancia creía ser capaz de oler la rosa. Cerré los ojos y todo vino de nuevo a mi cabeza... No estaba sola. Me di cuenta de una respiración que chocaba contra mi espalda desnuda, junto a mí, estaba él. Por fin. Le miré, sí, allí estaba... El roce de mi mirada en sus párpados inmóviles hizo que, misteriosamente, una melodía comenzara a sonar desde su reloj de mesa: I realized as I lay down to sleep.. sonreí. Él tan despistado como siempre. Pensé en levantarme y desistí en el preciso momento en el que intentaba incorporarme. No quería que nada cambiara. Los segundos habían decidido seguir pasando, mientras esa canción de la alarma despertador seguía sonando: Show me.. that you love me.. Noté un movimiento junto a mí, o quizá una mirada. Sí, era el primer cruce de miradas del día de después y sin embargo, parecía como si nos hubiéramos estado mirando durante las cuatro horas que habíamos dormido, el uno junto al otro. ¿Qué se supone qué debíamos hacer? A la vez que una sonrisa se dibujaba en sus labios, mis brazos avanzaron hacia su cuello y... I'll take it easy, won't spent my time waiting to die. Enjoy the life I'm living.
Yaiza Velázquez Santiago, Diciembre 2009©
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Porque nunca antes una canción me había sugerido tanto...
:)
"


I would love being able to make you understand all those things that seem are gonna explode inside me. I wish I could write for you the most perfect words, just to describe the way you shake my world, what I feel when thinking of you.
There is not man, nor lips, nor soul which could ever explain what I really desire to play to you. It's something strange, it's something pretty weird, but never any speech satisfaces me: there is always some more ink. Maybe that's why there is also ink on our skin.
I remember this song... I remember it while a hug going by.
Waves of moments, carrying liters of laughts, sights, and those smiles you know at all. Don't know why it caress my that softly...
If u wanna ask me, it would be a truly pleasant answering you...

Hoy me he escapado. Sólo un ratito. Me han sacado de esta mierda de realidad, y la han hecho pasar sobre mi cabeza sin tocarla. No ha sido una escapada a París ni un fin de semana de spa. Ha sido un viaje un vagón de metro, linea circular, y hasta que nos de la gana.
Y me ha sentado de coña.

Ich weiss mein Spanisch Sprachen ist besser, aber ich will schreiben in Englisch . Dienstag, das Morgen um 10 Uhr habe ich der Deutsch Test vor EOI. Natürlich habe ich lernen ^^ . Eine Küsschen!

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lunes, 10 de mayo de 2010

Té frío y café caliente.

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Me gusta tu olor a tostadas por la mañana.

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martes, 11 de agosto de 2009

Cuento Chjoviano

Se subió lentamente al autobús, y dio los buenos días al conductor en un susurro prácticamente inaudible. Caminaba despacio, sin fijarse en dónde ponía los pies. Se quedó de pie, a pesar de que casi todos los asientos iban vacíoas. Con la mirada perdida, su cara apenas dibujaba una mueca de ciego desconcierto y todo él se mecía de una lado a otro con el traqueteo del autobús. Casi se cae en más de una ocasión. Si su parada no hubiese sido la última, se habría pasado.

Bajó del autobús con cara de nada, y cuando éste arrancó, él se quedó quieto mirando un edificio de ladrillos naranjas que se alzaba imponente y solitario en aquel campo de nadie. Sin expresión en el rostro, el hombre trajeado, con un negro maletín de cuero colgando de la mano, permanecía inmóvil, simplemente mirando el edificio desde el mismo punto en que se había bajado. Sólo cuando el lejano ruido del motor del autobús se apagó pareció reaccionar. Ante aquel edificio, la expresión del hombre se tornó sombría, y con la vista fija en la construcción frunció el entrecejo. Apretó los labios, y con la mirada cargada de odio echó a caminar a paso rápido hacia el bloque.

[...]

Por la casa volaban miradas amenazantes y deseñosas, se respiraba una tensión más densa que la niebla otoñal. Un odio reprimido azotaba el aire, como el silencioso murmullo de guerra que queda en el campo de batalla después de la masacre.

O justo antes.

[...]

Tirado en el suelo uno se lamenta. El otro sale de la casa con el labio partido. Apenas dos sombras difuminadas en la mitad de la noche, perdidas en la ciudad; como tantas otras almas, se pierden como un grano de arena en el desierto.

........

Esto lo encontré ayer rebuscando entre papelas :) son fragmentos sacados de un cuento que escribí hace unos años como trabajo escolar y, bueno, no están tan mal (atendiendo a que suelo aborrecer lo que escribo xD)

Ea!
Sed felices!

lunes, 15 de junio de 2009

Vivo lloviendo las olas del mar

Yo sólo sigo y persigo un sueño. Hubo un día en que al fin me decidí a soñar. Imaginé que tenía alas y que podría alzar el vuelo. Elevarme sobre las copas de los árboles, ver el sol hundirse en el mar, confundir las montañas y las nubes.
Y ese sueño flaqueante cobra fuerza en mi interior. Quise dejar de ser la niña sin sueños que cada mañana se levantaba y navegaba por la mediocridad. Quiero recuperar la estrella que dejé que se apagase con las nieves que cubrieron la esperanza.
No me sirve que no estés. Ya no sirve de nada que un día me dijeses “¡Sueña!” si cuando Morfeo me abraza ya no estás a mi vera. No es posible decir ser una piedra de toque, un muro en que apoyarse, si cuando son mis piernas paradas durante años las que al fin van a echar a andar ya no vas a estar.
¿Cuántas veces habrá esto de seguir siendo así? ¿Cuántas veces tendré que escribir empañándome por ti?, ¡dime!
¿No es extraña la vida?
¿No es extraño el sentimiento?
Tantas lágrimas derramadas…
Tantos sueños por cumplir…
Tantos otros sueños rotos.
Tantas palabras susurradas al viento.
Porque al viento fueron susurradas. Palabras que salieron de unos labios para posarse en un oído, pero que el tiempo dejó que no fuesen más que cenizas que perderse en el cielo antaño azul.
Y ahora, dime ¿dónde estás? Ya sé en quién piensas. Ya sé que no soy yo. Y sé en qué piensas… y sé que no es en mi compañía. ‘Tengo que contarte…’, me decías con desánimo, y cuando al fin puedo escucharte es tu ausencia lo que me llega.
Me llegan recuerdos ingratos. Me llegan las lluvias de otros tiempos. Me inundan los ayeres repletos de amaneceres que ya creía olvidados. Se me clava la nada como espadas espinadas, hieren mi piel y rasgan mis carnes, dejan fluir la sangre que aún quedaba por derramar.

Tan sólo deja que tu amor me llene. Tan sólo decide amarme una vez más. Busca otra vez en mi lo que ya has olvidado. Continúa mirando hacia los recuerdos mojados. Vuelve a encontrar lo que un día fue. Recuerda a esta muñeca de rostro demacrado.

sábado, 13 de junio de 2009

Viviendo deprisa

Hay quien dice que la vida es eso que pasa mientras hacemos planes para vivirla. También he oído decir que no es más que lo que nosotros hacemos de ella. Hay infinidad de maneras de verla, de sentirla, de vivirla... se supone que cada cual lo hace la suya, que no hay dos vidas idénticas igual que no hay dos personas iguales ni dos veces la misma situación, aunque, en ocasiones, se parezcan mucho.
Los mismos sentimientos, los mismos pensamientos, mismas palabras que salen de bocas distintas.
Todo se conjuga en un mundo en que la variedad es sinónimo de igualdad, un mundo en que todos queremos ser únicos y especiales... Un mundo en que, a la vez, tememos ser distintos y no formar parte de algo.
Es el miedo, es el egoismo; es la alegría y la felicidad junto a la tristeza, la duda, la curiosidad, el odio, la vanidad, la envidia... Es el rojo de un sol que empieza a asomar para iluminarnos, es el azul intenso de un mar que lo refleja, el verde de las hojas cubiertas de rocío, el marrón del propio fango, el negro de los lugares al que el hombre nunca podrá acceder, o tal vez sí, el blanco del sol que quema tus retinas... Es a la vez el gris de las ciudades, el ruido de los coches. Belleza y destrucción...
Es el mundo, es la vida que tiene lugar en él, es la Madre Tierra que nos visita mediante el corazón formado por dos libélulas unidas, que nos mira por los brillantes y furiosos ojos de los volcanes encendidos, la misma que nos acaricia con una suave brisa, nos arrulla con su voz de mar y nos arropa con su mera presencia bajo un bello manto de estrellas...
Somos todos y no es nadie, el conjunto formado por todos en que todos somos prescindibles pero sin los cuales no podría existir.
Somos los hijos de la Tierra, de una Tierra que nos sigue amando aunque nosotros hayamos dejado de hacerlo hace mucho, mucho tiempo...
Esa vida que nos regala, esa vida de la que parece que pasemos pero que enn realidad pasa de largo y no le importa dejarnos atrás. Dueños del mundo pero a la vez esclavos de él, creemos que nosotros controlamos lo que en realidad nos controla a nosotros.
Cuando vamos más rápido que ella sentimos que no es suficiente ni plena, pero lloramos y nos sentimos desamparados cuando nos nos tiene en cuenta, cuando nos damos cuenta de que siempre fue a su ritmo y que nos deja atrás.
Yo la observo pasar, la observo en el rostro de cada anciano, el las diminutas manos de cada recién nacido, en la fotos amarilleadas de aquellos a quienes amo pero que no conocí cuando aquellas se hiciesen. Y ella, también, pasa de largo y me deja atrás.
Y me deja atrás tal vez con un café entre mis manos, tal vez con unos ojos anegados en lágrimas, tal vez con una sonrisa adornando esos ojos... pero sé que, simplemente, me levantaré de mi silla, me secaré las lágrimas, mi sonrisa se borrará, y caminaré para darle alcance; y que las nubes seguirán apareciendo, desapareciendo y cambiando de forma caprichosamente, sobre ese cielo azul que mi propia vida va tiñendo de gris.
Y que sólo quedará pasión.

lunes, 30 de marzo de 2009

50 leuris, chatos!! :D

He ganado el concurso literario por el biccentenario de Larra, wo woo!!! Y he ganado un flamante premio valorado en la dotación económica arriba citada wo wo wooo!!!
La cosa, para los nuevos, era escribir un artículo de costumbres imitando el estilo crítico de Mariano José de Larra, que versase sobre un día en el instituto que lleva su nombre. Y como son estas horas y me aburro porque no hay nada bueno por los interneses, pues cojo y lo subo, que soy así de guay.
Ea! A pastar! :D


Pocas cosas le son al español medio tan gratas como el ejercer de crítico de su propia fortuna –así como de la ajena-, que ¡mire usted por dónde! Siempre es mala.

No se conforman las gentes con entablar un insulso monólogo sobre cuán honda es la propia desgracia frente a la siempre mejor ventura del vecino, sino que incluyen en éste todo tema de debate que les ayude a acentuar la generosidad de que ha hecho gala la diosa fortuna para con ellos.

Incluyen trabajo, incluyen amor. Incluyen familia, incluyen dinero e incluyen ocio. Incluyen historia, estudios, fama, política… ¡Incluyen política! En estos tiempos caóticos que corren en los que quien no se proclama con orgullo apolítico no sabe lo que quiere, me veo obligada a ir por la calle, en el metro o en el autobús escuchando las joyas del pensamiento castizo.

El paro, va mal. Los sueldos, van peor. De la vivienda, mejor no hablar. Y de la crisis, menos aún. El gobierno, no hace nada. El presidente, no tiene ni idea. El anterior, sabía hasta menos. El alcalde, un sumiso. La ministra, una chupacámaras. Las cosas, van de mal en peor, concluyen nuestros sabios críticos políticos esporádicos.

Es a esto a lo que se reduce la opinión general. Nada nuevo o que no hayamos pensado ya alguna vez, expuesto por una boca inquieta como el último y más importante hallazgo que una mente prodigiosa como la que acompaña a esa boca haya podido discurrir jamás.

Se molestan en hablar y quejarse de todo para no llegar a nada. Ni saben ni se molestan en aprender. Ese es y no otro el espíritu español, hablar sin saber, opinar sin conocer. Repetir lo oído sin haber entendido, repetir el error por no haber aprendido de él.

Mas, ¡qué otra cosa se puede esperar! Si bien es cierto que a veces el hombre no anda errado, y no es otra que la educación la que hace de éste lo que llega a ser.

Sí. Debemos estar agradecidos a nuestro maravilloso sistema educativo, implantado por nuestro fantástico gobierno, que por fin empiece a poner remedio al rebaño de ovejas que es el pueblo español para que la siguiente generación lo sea de becerros.

Sí. Definitivamente un trato paternal es lo que más necesita nuestra juventud; no podemos permitir que se suelten de la mano del saber que da la experiencia para intentar volar solos, podrían acabar como nosotros y no vamos a correr el riesgo.

Sí. Lo mejor es desgranarlo todo en trocitos pequeños, no queremos que nuestros niñitos se hagan pupa en sus dientecitos.

La prueba de la generación que estamos creando con el cada vez más efectivo sistema educativo la podemos ver todos en cualquier parte. Son esos chavales que copian en pedazos de hoja con letra diminuta lo que pone en sus libros de texto mientras van en el metro. O esos otros que puede oír, estimado lector, narrar su hazaña épica de escapar de entre las rejas de la cárcel que se empeñan en llamar centro educativo. Son los universitarios que duermen en el tren las horas hurtadas sigilosamente por un trabajo absurdo e inútil que ha de servirles para entender mejor algo que ya comprenden, o los niños a los que obligan a leer en clase para que así no tengan porqué hacerlo en casa.

Obligados a asistir a unas clases que no les interesan, las manzanas podridas pudren a las sanas. El saber deja de ser un objetivo a lograr para convertirse en una mera y aborrecible obligación como cualquier otra; se pierde el ansia de aprender, que es sustituido por el fastidio, y el héroe pasa a ser aquel que con menor esfuerzo y provecho obtiene mejores resultados aparentes. Si cree que no conoce ninguno de ellos, permítame discrepar y asegurarle que todos tenemos entre nuestras amistades más de uno, por no decir todos.

Así es, sin ir más lejos, un amigo con el que me cité no hará más de unos días. Iba yo a visitarle a su centro educativo, no distinto a cualquier otro de la comunidad, pero cuya única diferencia con respecto al mío estriba en los días festivos por santos patronales. Era así uno de estos días la causa de que nos fuésemos a encontrar durante el horario de recreo en la calle. Lo primero que llamó mi atención (lejos de sorprenderme en demasía, pues una confiesa estar acostumbrada a todo) fue el ver que yo, siendo como era día festivo en mi centro y habiendo ido a visitar a un amigo que sí tenía clases en el suyo, llevase a la espalda más peso que él.

Preguntéle sobre ello y obtuve como respuesta airosa:

-¿Esto? Pues y es lo normal, ¡hasta de más llevo! Aquí el que no corre vuela, hay que estar avispado… ¿para qué voy yo a molestarme en cargarme la espalda si mi compañero siempre trae todos los libros? Y de todos modos, aunque no los trajese no me perdería nada bueno. Total, ¡como si los profesores fuesen a decir algo nuevo o que no pueda copiar más tarde!

Tras esta indudable muestra de orgullo ante el sacrificio personal y la vida virtuosa, nuestra conversación versó sobre los temas más variados, que fueron básica y principalmente nuestros respectivos estudios. Digo conversación porque no querría que el lector pensase que no sé conversar, pues si abrí la boca tres veces fueron certeras y locuaces.

-Hazme caso- me repetía- siempre andas preocupándote demasiado. ¿Que ves que te baja un poco la nota? No hay problema, tu amigo que aquí está para servirte te logra unas chuletitas y realzas la asignatura. No puedo creer que no lo hayas hecho nunca, ¡eso sí que es raro! En mi clase es el pan nuestro de cada día… se las hace uno y las comparte con los compañeros, ¡como debe de ser! ¡Y qué chuletas! No imaginas los métodos que se han desarrollado, una auténtica maravilla… rara es la asignatura que me baja del 8. De todos modos la gente se cree que hacer un examen con chuletas es sencillo… Hombre, cuando uno tiene práctica debo reconocer que sus mañas se hace, pero es arriesgado, ¿eh? No todo es llegar y besar el santo, siempre está ahí la posibilidad de que te pillen… pero merece la pena correr el riesgo, ¡imagina! Si no tendría que pasarme horas y horas perdiendo el tiempo entre libros, como los dos o tres pringaos de mi clase que pasan de andar con trapicheos… no saben lo que se pierden, ¡y todavía se quejan! ¿Pues no dicen que los bajan la nota por nuestra culpa…? ¿Te lo puedes creer? ¡Que se metan en sus asuntos, si yo me curro lo mío más que ellos lo suyo que no se quejen, que estudien más si es lo que quieren, o que se hagan ellos también ‘notas de apoyo’, que nadie se lo va a impedir!

En este punto habíamos llegado a una esquina cercana a la biblioteca. Se me ocurrió si mi amigo habría pisado ese sagrado lugar alguna vez en su insulsa existencia. De todos modos no pude pensar mucho más, mi pensamiento quedo ahogado por el sonido de su voz, que pasaba a recordar a una ametralladora disparada constantemente. Estudiar no estudiaría, ¡pero vaya si no le faltaba algo de qué hablar!

-Aún no sé para el examen de mañana que haré.

-¿Tal vez alguna actividad productiva tal como sentarse frente al ordenador, la televisión o unas partidas a la consola?

- ¡Qué salá! ¡Por eso me caes tú bien, jodía! Pues sí, probablemente ahora que los dices. Pero me refería a que no sé si pedirle las chuletas a alguien o prepararme las preguntas en hojas separadas para dar el cambiazo directamente. Quiero decir, cambiarlas es un momento, pimpan y sanseacabó… las chuletas es más arriesgado, me pueden pillar o puedo copiar algo mal. Claro que luego está lo del tiempo que pierdo en mi casa esta tarde pasando las preguntas a hojas en blanco… Es un coñazo, no lo sabes tú bien, al final acabas cansado de tanto copiar. En fin, ya lo pensaré. ¡Bueno, a ver si dices algo que no hablas na!

Un timbre lejano nos interrumpió entonces. Aunque ya habíamos dado la vuelta para regresar estábamos algo alejados, si no se apresuraba llegaría tarde. Hasta el momento debía reconocer que mi amigo era el prototipo perfecto de estudiante medio: holgazán, ignorante, irrespetuoso para con los que sí cumplen sus deberes, asqueado del instituto… y orgulloso de ello. Lo normal.

-Quedémonos aquí tumbados al sol, paso de ir a la clase de este tío, ¡no sirven para nada!- Dijo mientras tomaba posesión de su parcela particular de parque

- ¿No irás? ¿Y no te echarán en falta? – pregunté inocentemente [pues algo inocente debe de quedar todavía en mi]

-Pse. Son muy plastas con el temita de las faltitas- respondió con tono burlesco- Todos los días, todas las clases, pasan lista. Que todavía de enanos… ¡bueno! ¿Pero ahora? Como críos chicos, lo que yo te diga. ¿Y para qué? ¡Si nos da lo mismo! Si me saco esas notas es porque si cateo mis padres me dejan sin paga, y si saco notable o más me regalan juegos o consolas o cosas. Pero vamos… eso yo, que soy un chaval responsable, que luego están los que no dan palo al agua pero ni para copiar. Yo les comprendo: si pudiese también lo haría. ¿Quién quiere estudiar? Yo no. Todo hijo de vecino estudia, tienes que hacerlo aunque no quieras. Yo lo que quiero es currar y ganarme la vida, no pasármela entre estúpidos e inútiles libros. Así que nada, cuando puedo falto o la lío. No sabes las que montamos en clase… ¡son míticas! Total… algo habrá que hacer, si no un día ahí dentro es insufrible. La gente no está mal, y hay profesores majetes, pero vamos… no merece la pena. Un día en mi casa me sería mucho más productivo. Podría ponerme horas con el ordenador o la consola, que eso sí tiene futuro. Si fuese por ellos no me importaba, pero es que… aguantar clases monótonas en que ni te dejan dormir. Profesores gritones obsesionados con chorradas. ¡Los deberes! Que menos mal que no los hago nunca y los copio los minutos antes, ¡porque si tuviese que ponerme yo a pensar todas esas chuminadas voy dado! Y total, ¿pa qué? Si luego me ponen buena nota, me la ponen hasta mejor que al que se lo he copiado, ¿que te parece?

Riose en este punto a carcajadas. Creo carente de interés extenderme más sobre nuestro encuentro: el lector podrá perfectamente imaginar el resto. Y todos los días son iguales. Ameboides. Sentados en una silla criando ignorancia pasan los minutos de varias vidas cuyo efecto en la ajena no es otro que robar méritos mordiendo la mano que les da de comer.

Nos regodeamos en nuestra propia ignorancia. Celebramos el ser capaces de vivir ociosos y desaprovechando ese ocio. Elegimos sentarnos delante de una caja absurda a perder nuestro tiempo y dejar nuestro intelecto morir en vez de salir a las calles desiertas dejadas por un prójimo también adicto a la televisión. Nos atrapan las pantallas, o nosotros nos dejamos atrapar, los asientos mullidos, las actividades improductivas.

Cada día… cada día ves por la calle un espécimen más estúpido que el anterior, cuyo tema de conversación ignora a Lope, desconoce a Calderón, no sabe ni quién es Tirso y se mofa de los versos de Garcilaso.

¿Y bien? ¿No es acaso esto lo que hemos logrado con ahínco? Niégueme, querido lector, que nuestros modos cada vez más ortodoxos a la par que para lerdos no están haciendo de nuestra juventud ser eso mismo. Yo, personalmente, llevo años intentando negarlo.

Madrid, 15 de marzo de 2008

Aprendiz de Fígaro