martes, 11 de agosto de 2009

Cuento Chjoviano

Se subió lentamente al autobús, y dio los buenos días al conductor en un susurro prácticamente inaudible. Caminaba despacio, sin fijarse en dónde ponía los pies. Se quedó de pie, a pesar de que casi todos los asientos iban vacíoas. Con la mirada perdida, su cara apenas dibujaba una mueca de ciego desconcierto y todo él se mecía de una lado a otro con el traqueteo del autobús. Casi se cae en más de una ocasión. Si su parada no hubiese sido la última, se habría pasado.

Bajó del autobús con cara de nada, y cuando éste arrancó, él se quedó quieto mirando un edificio de ladrillos naranjas que se alzaba imponente y solitario en aquel campo de nadie. Sin expresión en el rostro, el hombre trajeado, con un negro maletín de cuero colgando de la mano, permanecía inmóvil, simplemente mirando el edificio desde el mismo punto en que se había bajado. Sólo cuando el lejano ruido del motor del autobús se apagó pareció reaccionar. Ante aquel edificio, la expresión del hombre se tornó sombría, y con la vista fija en la construcción frunció el entrecejo. Apretó los labios, y con la mirada cargada de odio echó a caminar a paso rápido hacia el bloque.

[...]

Por la casa volaban miradas amenazantes y deseñosas, se respiraba una tensión más densa que la niebla otoñal. Un odio reprimido azotaba el aire, como el silencioso murmullo de guerra que queda en el campo de batalla después de la masacre.

O justo antes.

[...]

Tirado en el suelo uno se lamenta. El otro sale de la casa con el labio partido. Apenas dos sombras difuminadas en la mitad de la noche, perdidas en la ciudad; como tantas otras almas, se pierden como un grano de arena en el desierto.

........

Esto lo encontré ayer rebuscando entre papelas :) son fragmentos sacados de un cuento que escribí hace unos años como trabajo escolar y, bueno, no están tan mal (atendiendo a que suelo aborrecer lo que escribo xD)

Ea!
Sed felices!

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