sábado, 8 de agosto de 2009

De la igualdad y los géneros sociales

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A medida que nos acercamos a la igualdad, los géneros se igualan a su vez. Esto es, a partir de que pronunciamos la tan aclamada sentencia de que ‘los hombres y las mujeres pueden hacer las mimas cosas’ (cosa más que evidente que no necesita explicación) lo que es un hombre y lo que es una mujer desaparece.
Al decir eso no nos referimos, lógicamente a una mera diferenciación física, sino a los dos géneros sociales entendidos como ‘hombre’ y ‘mujer’; los géneros sociales son comprendidos como el conjunto de características que definen una persona como hombre o mujer. Estas características no son de índole física, sino psicológica y de conducta. Cada individuo al empezar a formar parte de una comunidad, y como tal, se siente parte de uno de esto dos géneros, tradicionalmente ligados al sexo, motivo, al fin y al cabo, por el que se habla de dos conjuntos, ‘hombres’ y ‘mujeres’. Como ya es de deducir, en esta división en lo referente al intelecto, carácter y tendencia de la persona, típicamente correspondientes al género sexual, es donde se funda el ya no tan tradicional ‘sentirse mujer siendo un hombre’ o viceversa, el ‘ser un hombre encerrado en el cuerpo de una mujer’, el ‘haber nacido con el cuerpo equivocado’.
Los géneros sociales se marcan y condicionan a sí mismos, ya que los individuos pertenecientes a cada uno de ellos no sólo lo son porque sus características psicológicas se ajusten grosso modo a las definidas de cada uno, sino también porque son ellos mismos, el conjunto de aquellos rasgos que no se ajustan tanto, los que forjan el significado de los géneros ‘hombre’ o ‘mujer’.
De esta manera, mientras la igualdad entre géneros queda más patente y se exige su existencia con más ahínco y convicción, los géneros se vuelven más similares; se exige respeto no ya a cada género, sino a cada persona como individuo, y que con ello las tendencias y rasgos sean aceptados aunque no sean del todo ortodoxos. Esto quiere decir que aunque un individuo perteneciente a uno de los géneros tenga ciertas características no propias del mismo, sigue siendo respetado y aceptado como componente. Y no sólo los individuos: los propios géneros cambian acogiendo nuevos rasgos provenientes de sus integrantes con los que evolucionan por un camino que, muchas veces, es paralelo si no igual, al pertenecer originariamente al género opuesto.
El que actualmente los hombres se cuiden, utilicen cremas, se preocupen de su apariencia física comprando ropa y empleando incluso maquillaje, depilándose… o todo lo contrario, que las mujeres vistan pantalones o ropas anchas, lleven el pelo corto, gusten de los deportes y las películas de acción, y no se preocupen especialmente por su apariencia, son ejemplos fundados en tendencias, concepciones y jerarquías de valores que otrora no formaban parte del susodicho género social y que, incluso, pertenecían en exclusiva al contrario.
Algunos de estos rasgos, que aún hoy no están propiamente dicho ‘comprendidos como característicos del género en cuestión’, no son ya por el contrario excluyentes, y llegan a ser, mientras no propios, normales dentro de los individuos del mismo.
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De la igualdad y los géneros sociales, Ana María Lafort

2 comentarios:

Cloud Strife dijo...

Lo que tengo que objetar a todo este texto es que la palabra género está mal empleada, como en la famosa Ley de Violencia de Género. Debería emplearse en su lugar "Sexo".

Sdk0 dijo...

si?? dónde? (jopelas, Cloud, tas en todo xD)