martes, 3 de noviembre de 2009

Tras la tormenta... bueno, siempre llueve unpoco más

Este juego es en el que más tiempo estoy aguantando… algo me dice que no durará.
Jugando a vivir sin pensar, ya no como esa muñeca rota porque su dueño, si os lo preguntabais, ya la ha abandonado del todo; no, sin pensar como un burdo maniquí en manos de las decisiones maltomadas del pasado. No mal por los malos resultados, ni siquiera mal porque no convengan, ni mal porque no fuesen queridas cuando fueron maltomadas, sino porque hubieron de ser también sin pensar. En fin, vestidas entre horribles, siniestros volantes y flecos del sueño que se muestra como realidad, hicieron acto de presencia entre las yemas de mis dedos, para luego arrastrarme como el mar, corriente adentro, hasta lo más profundo de la nada, allá donde el agua se convierte en desierto y las olas en dunas.
Estoy cansada de dejarme arrastrar por la corriente, no la del mar mayor que es la del océano humano -porque desa, para mi desgracia o fortuna, ya me he distanciado- sino la que he provocado de puro bracear por donde el río bajaba… Leer lo que toca, hacer lo que toca, siempre sin ganas ni ánimo para no hacerlo… en fin, es lo que toca.
Quiero volar, muy alto, hasta tocar el sol y quemarme, o hasta acercarme demasiado y se me derrita la cera, cualquier cosa es buena antes que seguir prendida de lo que no acierto a llamar hilo si no teje la tela de la mediocridad de todas mis acciones.
En cualquier caso, toca lo que toca: seguir, decidir o morir. Bueno, o todo a la vez, ¿qué más da? No acierto a expresarlo, no tengo palabras.
El flujo se detuvo, pero lo que es la corriente sigue su curso y yo no acierto la dirección.

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