sábado, 5 de noviembre de 2011

A aquél al que llamo niño

Recuerdo la primera vez que apoyé la cabeza en tu pecho; lo recuerdo porque me abrazaste, y a mí lo que me llamó la atención fue lo muchísimo que se te notaba latir el corazón, como si fuese a salírsete del pecho (y no en el sentido metafórico de la palabra). Y que me dio mal rollo.
Puestos a recordar, hay muchísimo sol, y cesped. La ciudad es Madrid, y los lugares, Nuevos Ministerios, Santo Domingo (a pesar de que no volvamos a menudo), Gran Vía, Plaza España y el Juan Carlos.
No pienso extenderme mucho; no me gusta esta época del año. Los veranos, han sido bonitos a su manera, y poco a poco voverán. Mientras tanto, pensaré en lo que me dijiste argumentandome que también es bonita: es la época de caminar pegados por la calle, de besarse bajo un único paraguas en medio de gran vía, de buscar como perros rejillas de aire caliente, de largos paseos en la linea circular de metro y, además, de mi jersey negro (te gusta ese jersey).
Feliz día, aquél al que llamo niño.